"Lo más importante no es lo que damos, sino el amor que ponemos al entregarlo"

El don del servicio y la caridad reflejan la hermosa labor que Doña Juanita ha realizado por los más necesitados durante más de 23 años.

Ella tiene 79 años de edad y no se detiene cuando se trata de ayudar al prójimo. En el año de 1995 inicia su misión de voluntariado en el comedor Divina Providencia, en el cual dedicaba su tiempo desde las 7 de la mañana para preparar y entregar las comidas a más de 50 personas que acudían por ayuda. Cinco años después, se integra como voluntaria al Banco de Alimentos para colaborar en el área de control de calidad, en la selección y clasificación de los donativos. Es una de las voluntarias con mayor antigüedad y comparte su experiencia siempre de manera cordial y demostrando su liderazgo propositivo.

La responsabilidad es un valor que la distingue. A las 4 de la mañana se prepara para llegar al Banco de Alimentos, y aunque destina 4 horas de traslado al día, siempre se encuentra a tiempo llena de una gran inspiración para ayudar.

A pesar de padecer enfermedades que debe tratarse cuidadosamente, como la hipertensión y colesterol, dedica 28 horas a la semana para ayudar en las tareas encomendadas y participar en las actividades de espiritualidad y de oración. Nuestro Señor Jesucristo es su gran motivación para seguir adelante, en él encuentra la fortaleza y la fe para vivir con pasión el espíritu de compartir.

Doña Juanita cuenta con una maravillosa familia que la impulsa a continuar este camino de servicio, sus 12 hijos, 32 nietos, 47 bisnietos y 2 tataranietos son testigos de su esfuerzo y compromiso que dedica a los demás.

Hablar de Juanita Canizales Rocha es hablar de servicio y de una muestra indudable por el amor al prójimo. Merecidamente se hace acreedora del Reconocimiento Humberto Maldonado Lankenau como Voluntaria del año 2017, porque a lo largo de 23 años ha compartido la alegría de servir y poner en acción la misericordia con nuestros hermanos más necesitados, contribuyendo al bienestar con sus buenas obras de generosidad y amor.

¡Muchas felicidades!

Llevar una vida llena de fe, entregar su tiempo al servicio de los demás y abrir sus manos para resolver las carencias del prójimo, son algunas de las características que definen a Cecilia Rodríguez de Cantú, quien a lo largo de 11 años ha demostrado que no existen imposibles para hacer vida las obras de misericordia de Dios.

Permanecer atentos al llamado de Dios y servir en su nombre, es el firme pensamiento de María Guadalupe, voluntaria desde hace 29 años de la Cáritas Parroquial María Madre de la Iglesia, quien realiza una labor desinteresada y por amor al prójimo.

“La mejor paga está en el cielo y la vamos a lograr si de corazón servimos a nuestros hermanos más necesitados”

Trabajadora Social de profesión y voluntaria de corazón, María Elena Carranza Ruíz, ha dedicado la mitad de su vida a servir a nuestros hermanos más necesitados en la Cáritas Parroquial de Nuestra Señora del Consuelo.

Bien dicen que Dios tiene un plan diseñado para cada uno de nosotros y que sus tiempos son perfectos. Mientras Ma. Elena se encontraba en misa, al finalizar la celebración, el coordinador de la Cáritas Parroquial hizo la invitación a la comunidad para unirse al grupo de voluntarios; fue así como ella sintió el llamado en su corazón para empezar a recorrer un nuevo camino lleno de experiencias espirituales, siempre tomada de la mano de Nuestro Señor.

Entregada, humilde, alegre y con una caridad que la distingue, son las cualidades con las que la identifican sus compañeros, a quienes les ha enseñado que cuando un acto de amor se realiza sin esperar nada a cambio, Nuestro Señor lo recompensa al doble.

Ma. Elena actualmente se desempeña como Coordinadora de Grupo, sin embargo, tiene en claro que delegar responsabilidades con el resto de los voluntarios genera un mayor compromiso para el equipo y principalmente, agiliza de manera eficiente las ayudas.

Su meta es resolver cuatro casos diarios, ya sea otorgándoles medicamento, con alguna canalización o bien, con apoyo económico. Además le gustaría ayudar hasta que “El Campeón” lo decida.

A nombre de toda la institución, felicitamos y reconocemos a María Elena Carranza Ruíz, por su fiel vocación de servir a nuestros hermanos a través de Cáritas y por su firme compromiso de hacer vida la palabra de Dios a través de las obras de misericordia.

“Yo veo a Jesús en los pobres, porque en ellos se refleja su rostro”

Solo basta con amar profundamente a Jesús, y ver en nuestros hermanos el vivo rostro de Nuestro Señor, para ser una persona entregada al servicio de los más necesitados, así se expresa María Candelaria González de 67 años de edad, quien sirve a Dios a través del Comedor de la Cáritas Parroquial San Alfonso María de Ligorio, en Monterrey, N.L. desde hace 31 años.

Generosa, humilde, servicial y comprometida con el prójimo, son algunas de las características que distinguen a Cande, como de cariño le llaman sus amigos. Ella ha dedicado la mayor parte de su tiempo apoyando en el Comedor, en donde, con ayuda de otras voluntarias, cocinan y distribuyen los alimentos a las personas de la tercera edad que acuden a la parroquia, así como también, ayudan a quienes acuden a pedir para el pasaje, medicamentos o pañales.

María Candelaria también se desempeña como ministro de la comunión, participa en cursillos y si se requiere de alguna otra actividad pastoral, ella siempre tiene una gran disposición.

El seno de su familia está compuesto por sus dos hijos y su esposo, quienes indudablemente la han impulsado a continuar velando por el bienestar del prójimo. Siempre con una gran devoción hacia la Santísima Virgen María, ella ha sido su motor para imitarla en sus acciones, ser más humilde y continuar sirviendo a los demás hasta que Dios se lo permita.

La constancia es un valor que la distingue, ya que a pesar de las inclemencias del tiempo, siempre asiste con el mismo fervor al Comedor. “Aunque llueva o haga mucho frío, nunca falto al Comedor, para mí no es ningún impedimento, porque sé que ellos tienen hambre y da más hambre cuando hace frío, esto me motiva”.

Para Cande su mayor recompensa no es recibir un salario, sino el servir a Dios. No existen palabras para describir la satisfacción que siente al servir a los demás, de quienes ha aprendido un sinfín de lecciones que la han alentado a continuar viviendo la alegría de poner en acción la palabra de Jesús. A pesar de que invierte todo su tiempo, esfuerzo y dedicación en las actividades parroquiales, ella piensa que jamás podrá pagar todas las bendiciones que recibe de Nuestro Señor.

Reconociendo su excepcional entrega al servicio de los más necesitados, Cáritas de Monterrey, A.B.P. distingue a María Candelaria González como Voluntaria del año 2014.