¿Eres madre o padre de familia? ¿Ya has hablado con tus hijos sobre el valor de la generosidad?
Es un hecho, los niños aprenden del ejemplo. Cómo ven que hacen los adultos, así harán. Además, ¿a qué adulto va admirar más un niño que a su papá y a su mamá?
Los adultos más cercanos a los niños tenemos un gran reto, ser buenas personas, ya que los pequeños están observándonos, aprendiendo formas de comportarse, absorbiendo herramientas (y errores) que interfirán negativa o positivamente en sus vidas. Ya que es así, ¡hay que enfocarse en lo bueno y procurar ser buen ejemplo!
El valor de la generosidad lo van a aprender de ti. ¿Te has fijado cómo a los niños les cuesta compartir sus cosas? Juguetes, ropa, objetos preciados para ellos… ¡hasta de los padres se ponen celosos! Esas ocasiones son ideales para hablarle a los hijos sobre generosidad.
Sigue estos consejos para inculcar a tus hijos adecuadamente el valor de la generosidad
- El ejemplo es la mejor forma de enseñar: entre ustedes, sus padres, sean generosos. También, seánlo con otros.
- Es conveniente que el niño o niña, cuando tiene algo, se le señale como correcto ofrecer a otros y compartir. Por ejemplo, cuando compra dulces, pedirte que pregunte si alguien quiere uno.
- Hay que enseñar a los hijos que algunas de las cosas en el hogar son de todos, y que hay otras que solo les pertenecen a ellos como niños (compartidas entre hermanos) y que, además, hay otras que les pertenecen en lo individual.
- Cuando los hijos jueguen, hay que asegurar que cedan, que esperen su turno, que puedan ponerse en el lugar del otro.
- La literatura es una buena idea siempre. Sin duda, hay cuentos que traten el tema de la generosidad. Otra opción, es que nosotros mismos como padres los escribamos y se los contemos.
Tenemos que hacer un esfuerzo por entender y comprender. Los niños muchas veces no quieren compartir, y tampoco debemos obligarlos. Debemos explicar e invitar a la generosidad.
Hay que explicar a los hijos que ser generoso no siempre implica cosas, objetos. También somos generosos con tiempo, con detalles, demostrando afecto.
Ayudarles a identificar necesidades en otros, será relevante para que ellos sepan cuándo poder poner en práctica el valor de la generosidad.
Nunca hay que regañar a un niño pequeño por no ser generoso o compartido. Se puede señalar que hubiera sido mejor lo opuesto, pero jamás hay que recriminar ni etiquetarlo como egoísta.
Seguramente, a ti se te ocurrirán otras formas de inculcar el valor de la generosidad a tus hijos. Puedes ser tan específico como quieras, incluso tomando como ejemplo cosas que ya posea, personas que conozcan, miembros de la familia o no. ¡Hay que ser creativos!